📦 Presentación del Yamaha DGX-670
El Yamaha DGX-670 transmite confianza desde el primer momento en que lo sacas de la caja. Yamaha ha apostado por un diseño sobrio y profesional, muy lejos de esos teclados de juguete que uno se encuentra a veces en esta franja de precio. El plástico utilizado irradia solidez, con un acabado que resiste bien las huellas de los dedos, un detalle que se agradece especialmente cuando uno pasa horas trasteando con los botones.
La pantalla TFT a color de 4,3 pulgadas preside orgullosa el centro del panel de control, como un pequeño faro en la oscuridad de los menús complejos. La legibilidad es excelente incluso con iluminación intensa, y la interfaz gráfica moderna hace olvidar los viejos displays LCD monocromáticos de antaño. Los botones físicos que rodean la pantalla ofrecen una respuesta táctil satisfactoria: ni demasiado blandos ni demasiado ruidosos.
Con sus 21,4 kg y 140 cm de ancho, el Yamaha DGX-670 ocupa un territorio intermedio muy interesante. Demasiado pesado para cargarlo a diario como una guitarra, pero lo suficientemente ligero para moverlo de una habitación a otra. El soporte opcional L-300 B convierte el conjunto en un mueble fijo de aspecto convincente, aunque el teclado también funciona perfectamente apoyado sobre una mesa.
La disposición de los controles revela una filosofía clara: las funciones esenciales permanecen accesibles mediante botones dedicados, mientras que los ajustes avanzados se esconden en los menús. Este enfoque híbrido evita el caos del teclado-árbol-de-Navidad sin sacrificar el acceso rápido a estilos y sonidos. El atril incluido se monta con firmeza y aguanta sin problemas una partitura gruesa sin doblarse al menor soplo de aire.
🎧 Calidad sonora
El sonido del piano CFX es la tarjeta de presentación sonora del DGX-670, y hay que reconocer que Yamaha no ha escatimado en el muestreo. Este piano de cola de concierto ofrece una calidez y una profundidad notables para un teclado de esta categoría. Los matices pianissimo se expresan con delicadeza, mientras que los fortissimos mantienen su cuerpo sin saturar. Es un logro técnico que merece reconocimiento.
La tecnología VRM (Virtual Resonance Modeling) añade esa dimensión orgánica que tan a faltar se echa en los pianos digitales básicos: las resonancias entre cuerdas, el sustain natural, esos microdetalles que hacen que un piano suene vivo en lugar de estático. Eso sí, hay que tenerlo en cuenta: esta magia funciona sobre todo con auriculares o mediante altavoces externos. Los altavoces integrados de 2×6 vatios no pueden competir con un sistema dedicado.
Más allá del piano acústico, el catálogo de 630 sonidos esconde auténticas joyas. Los pianos eléctricos Wurlitzer y Rhodes suenan con una autenticidad sorprendente, los órganos se defienden muy bien, y algunos pads sintéticos podrían avergonzar a teclados workstation bastante más caros. Los sonidos Super Articulation aportan esa expresividad adicional en los instrumentos de viento y cuerda, aunque no todos los timbres disfrutan de este tratamiento especial.
La polifonía de 256 voces garantiza que nunca te quedarás sin notas, aunque estés superponiendo varios layers con un acompañamiento automático de fondo. Esta generosidad técnica contrasta con algunos competidores que recortan en este parámetro crucial. El Intelligent Acoustic Control ajusta automáticamente la ecualización según el nivel de escucha, una función discreta pero tremendamente eficaz para mantener el equilibrio tonal a volúmenes bajos.
🎹 Teclado y tacto
El teclado GHS (Graded Hammer Standard) lleva años dividiendo a la comunidad, y el Yamaha DGX-670 no escapa a ese debate. Esta mecánica ofrece una gradación del peso de las teclas de grave a agudo, imitando el comportamiento de un piano acústico. Las teclas graves oponen una resistencia notable, mientras que las agudas resultan más ligeras… hasta aquí, todo bien.
Donde la cosa flojea es en la sensación general del tacto. Al GHS le falta esa profundidad mecánica que encontramos en los teclados de gama alta. El recorrido de las teclas es correcto, pero la respuesta tras pulsarlas a veces da la sensación de rebotar sobre un muelle en lugar de controlar un martillo. Para un principiante o un músico ocasional, esta diferencia pasará desapercibida. Para un pianista exigente, puede volverse irritante después de unas cuantas horas de práctica intensa.
La superficie de plástico liso de las teclas cumple su función con dignidad, aunque sin alcanzar la comodidad de los recubrimientos ivory-feel de gama superior. Los dedos resbalan un poco más de lo deseable en los pasajes rápidos, especialmente si las manos sudan un poco. Este detalle técnico puede parecer menor, pero influye directamente en la seguridad con que uno toca, sobre todo en las piezas más veloces del repertorio romántico.
El ruido mecánico se mantiene dentro de límites aceptables. Ningún golpe inoportuno viene a arruinar las sesiones con auriculares, lo cual es un punto a favor real para practicar de noche en un apartamento. La sensibilidad a la velocidad responde de manera predecible y lineal, permitiendo un control matizado de la dinámica. Es un requisito básico para cualquier instrumento que aspire a tomarse en serio.
🛠️ Funciones y conectividad
El Yamaha DGX-670 incorpora un arsenal de funciones que transforma un simple teclado en un auténtico centro de producción musical. La grabadora de audio WAV integrada permite capturar composiciones directamente en una memoria USB, sin necesidad de pasar por un ordenador. Esta autonomía seducirá a los compositores espontáneos que quieren inmortalizar una idea antes de que se evapore en los recovecos de la memoria.
Los 263 estilos de acompañamiento cubren un espectro musical impresionante: del jazz manouche a la bossa nova, pasando por el rock y las baladas pop. Cada estilo ofrece variaciones y fills que dinamizan el arreglo, evitando ese efecto de caja de ritmos monótona. El botón One Touch Setting ajusta automáticamente los sonidos y efectos según el estilo seleccionado, un ahorro de tiempo muy valioso cuando uno salta entre universos musicales distintos.
La conectividad Bluetooth 4.1 ofrece dos modos distintos: audio para hacer streaming de música desde un smartphone, y MIDI para controlar aplicaciones como GarageBand o Cubasis. Esta doble función convierte el teclado en una interfaz de audio portable, ideal para sesiones de improvisación sobre backing tracks o para grabar ideas en una DAW móvil. La aplicación Smart Pianist de Yamaha completa el ecosistema ofreciendo un control visual de los parámetros desde una tableta.
Las entradas y salidas físicas no decepcionan: USB to Host y to Device, salida para auriculares, entrada de micrófono con efectos vocales, entrada auxiliar para conectar un reproductor externo y conector para pedal de sustain. La ausencia de una salida de audio estéreo en jack de 6,35 mm se deja notar para quienes quisieran usarlo en directo con una sonorización externa, una decisión de diseño que sorprende en un instrumento que roza los usos semiprofesionales.
🏠 Uso
Desde el primer encendido, el Yamaha DGX-670 demuestra una ergonomía pensada de verdad para el usuario. La interfaz no abruma al principiante con menús laberínticos, pero ofrece suficiente profundidad para satisfacer al usuario avanzado. La navegación combinando pantalla táctil y botones físicos crea una sinergia eficaz: se toca la pantalla para seleccionar, se giran los encoders para ajustar. Tan sencillo como eso.
Los modos de interpretación están especialmente bien pensados para el aprendizaje. El modo Dual superpone dos sonidos, perfecto para crear texturas ricas de piano y cuerdas. El modo Split divide el teclado en dos zonas independientes, ideal para tocar un bajo con la mano izquierda y un solo con la derecha. Estas funciones, accesibles en dos pulsaciones, fomentan la experimentación sin frustración técnica.
Para la práctica en casa, el Yamaha DGX-670 brilla por su versatilidad. Por la mañana sirve de piano para los ejercicios técnicos. Por la tarde se convierte en órgano de iglesia para trabajar a Bach. Por la noche se transforma en una estación de composición pop con sus acompañamientos automáticos. Esto por sí solo justifica la inversión para cualquier músico de gustos eclécticos.
La portabilidad del teclado abre posibilidades nómadas interesantes. Claro que no se mueve con la misma facilidad que un Reface, pero sigue siendo transportable para sesiones en casa de otros músicos o pequeñas actuaciones en entornos asociativos. La alimentación de red estándar evita las sorpresas de las baterías agotadas en el peor momento, aunque esa dependencia del enchufe limita los usos al aire libre.
🎁 Accesorios
Yamaha entrega el DGX-670 con un kit de accesorios correcto pero mejorable. El footswitch incluido cumple su función para el sustain básico, aunque su construcción ligera en plástico delata cierta voluntad de recorte. En superficies lisas resbala como un patinador sobre hielo, lo que obliga a apoyarlo contra un mueble o a invertir en una alfombrilla antideslizante. Funcional, sí, pero lejos del confort de un pedal de piano de verdad.
El atril que viene incluido se monta y desmonta sin necesitar ningún título de ingeniería, algo que merece mención cuando tantos fabricantes complican innecesariamente esta operación tan básica. Su robustez permite sostener partituras gruesas o una tableta sin flexarse de forma preocupante. El plástico utilizado está a la altura del conjunto del instrumento: sólido sin ser lujoso, práctico sin ser excepcional.
El transformador externo evita que la electrónica interna se sobrecaliente, una decisión técnica acertada para alargar la vida útil del instrumento. Su cable es suficientemente largo, aunque unos centímetros más se habrían agradecido en configuraciones de estudio más complejas. La ausencia de un pedalero triple en el paquete básico se entiende dado el precio contenido, pero supone un déficit para los pianistas más exigentes.
El conjunto de tres pedales LP-1 BK opcional cubre esa carencia con funciones de sostenuto y soft a la altura. Este pedalero transforma la experiencia de interpretación, especialmente en el repertorio romántico e impresionista que tanto explota estos matices. El soporte L-300 B, también opcional, aporta la estabilidad de un mueble dedicado, aunque su precio hace subir rápidamente el presupuesto. Es un cálculo que cada uno debe hacer según sus condiciones de uso.

















