📦 Presentación del Crumar Seventeen
El Crumar Seventeen luce sus orígenes ochenteros con un diseño que no entiende de medias tintas. Su carcasa negra mate de líneas angulares remite de inmediato a la estética de los sintetizadores vintage, y lo hace sin ningún complejo. Con 12 kg, se mantiene en la categoría de los pesos ligeros para un piano de escenario, lo que lo convierte en un buen compañero de viaje para los músicos que viven de gira en gira.
La construcción revela un cuidado especial en los acabados. El metal transmite solidez, los potenciómetros ofrecen una resistencia agradable al tacto, y el conjunto desprende una sensación de robustez que tranquiliza. El panel de control, centrado en torno a una pequeña pantalla LCD, apuesta por un enfoque minimalista con botones de navegación claramente identificados.
En cuanto a la ergonomía, Crumar tomó la acertada decisión de reunir todas las conexiones en el lateral izquierdo. Muy práctico sobre el escenario: los cables no quedan colgando por detrás del instrumento. El formato compacto de 1110 x 160 x 380 mm permite integrarlo sin problemas en casi cualquier setup, incluso en los más ajustados.
Un detalle que conviene tener en cuenta: no hay altavoces integrados. Es una elección consciente para un instrumento de escenario, pero hay que saberlo antes de comprarlo. Se conecta, se toca, y punto.
🎧 Calidad sonora
El Crumar Seventeen lo apuesta todo a los sonidos eléctricos y acústicos vintage, y ahí reside su principal baza. Los pianos eléctricos Tine y Reed suenan con una autenticidad notable, capturando esas pequeñas imperfecciones que le dan encanto a los originales. El modelado físico aporta esa reactividad orgánica que uno espera de un Rhodes o un Wurlitzer.
Los pianos acústicos, German 274 y Japanese Acoustic Grand, sorprenden por su presencia. Sin llegar al nivel de detalle de los especialistas en la materia, ofrecen una alternativa convincente para los pasajes donde el sonido acústico se impone. El grano, la dinámica: todo lo necesario para convencer dentro de una mezcla de grupo.
El Electric Grand y el Clavi completan la paleta de forma inteligente, con unas características sonoras que encajan a la perfección en el espíritu vintage del instrumento. Los sonidos DX y MKS Digital E.P. añaden ese toque ochentero imprescindible, reproduciendo fielmente las texturas metálicas y cristalinas de la época.
La sección de efectos merece una mención especial. Trémolo, chorus, flanger, phaser y wah se aplican con una musicalidad evidente, sin esa frialdad digital que tan a menudo se les achaca a los efectos integrados. La reverberación y el delay independientes permiten esculpir el espacio sonoro con precisión.
🎹 Teclado y tacto
Las 73 teclas del Crumar Seventeen adoptan una mecánica de martillos que sorprende por su coherencia. El tacto evoca el de un piano eléctrico vintage, con esa resistencia progresiva que caracterizaba a los instrumentos de la época. No hay simulación de escape, pero sí una respuesta dinámica honesta que permite la expresión.
La superficie de las teclas ofrece una adherencia correcta, sin esa sensación resbaladiza que se le reprocha a ciertos teclados en esta franja de precio. La respuesta táctil se mantiene constante a lo largo de todo el rango, señal de una calibración cuidadosa. Los pianistas acostumbrados a teclados pesados no se sentirán fuera de lugar.
La sensibilidad a la velocidad merece destacarse. Los matices fluyen con naturalidad, desde los pianissimi más delicados hasta los fortissimi más enérgicos. Esta expresividad es un activo importante para las interpretaciones que exigen sutileza.
El formato de 73 teclas puede desconcertar al principio, pero se adapta perfectamente al uso en directo. Suficiente para la gran mayoría de situaciones, permite ganar en compacidad sin sacrificar lo esencial. Una vez que te acostumbras, llegas a agradecer esa optimización del espacio.
🛠️ Funciones y conectividad
El Crumar Seventeen adopta un enfoque directo: 64 presets cuidadosamente seleccionados, y nada más. Sin bancos de sonidos interminables ni posibilidades de edición complejas, solo lo esencial para el escenario. Esta simplicidad declarada gustará a los músicos que prefieren tocar antes que programar.
La conectividad se mantiene en el terreno de la eficiencia: dos salidas de línea balanceadas en jack de 6,3 mm, una salida para auriculares y la imprescindible entrada para el pedal de sustain. El MIDI Out y el USB-MIDI permiten la integración en setups más complejos o la grabación en directo.
El EQ interno y la simulación de amplificador añaden una dimensión extra al modelado sonoro. Estas herramientas, discretas en la interfaz, permiten adaptar el sonido a las condiciones del escenario o a las preferencias personales. La simulación de amplificador aporta, en particular, ese calor analógico que a menudo falta en los instrumentos digitales.
La fuente de alimentación interna es una ventaja nada desdeñable. Adiós a los transformadores externos que se pierden o se quedan olvidados en casa: todo está integrado en la carcasa. Un detalle que simplifica enormemente la vida sobre el escenario y evita sorpresas desagradables en el momento del soundcheck.
🏠 Uso
El Crumar Seventeen brilla por la sencillez de su manejo. Se enciende, se selecciona un preset y a tocar. La interfaz, aunque minimalista, permite acceder rápidamente a las funciones esenciales. La pantalla LCD, pequeña pero funcional, muestra la información necesaria sin adornos innecesarios.
Sobre el escenario, el instrumento demuestra una fiabilidad ejemplar. Los 12 kg se transportan sin esfuerzo, la instalación lleva apenas unos segundos y la respuesta es inmediata. Sin tiempos de carga, sin menús enrevesados: solo la eficiencia que se le exige a una herramienta profesional.
En el estudio, encuentra su sitio de forma natural como fuente de sonidos vintage auténticos. La calidad de la salida permite la grabación directa, y sus características sonoras encajan a la perfección en producciones que buscan ese color retro. El USB-MIDI facilita la integración con los DAW modernos.
Para el uso doméstico, la ausencia de altavoces puede ser un inconveniente. Habrá que contar con un sistema de amplificación o conformarse con los auriculares. Pero en el espíritu del instrumento, ese uso queda en un segundo plano frente a su verdadera vocación: el directo.
🎁 Accesorios
Crumar entrega el Seventeen con lo estrictamente indispensable: un cable de alimentación. Punto. Este enfoque espartano puede sorprender, pero responde a la filosofía del instrumento: lo esencial, sin florituras. Los músicos de escenario suelen tener ya el material necesario.
La ausencia de pedal de sustain en el paquete puede resultar molesta, especialmente porque la entrada dedicada ya está esperando que alguien la use. Habrá que añadir esa compra al presupuesto, lo que supone un coste adicional nada despreciable.
El soporte compatible, referenciado como opcional, merece una reflexión. Con 12 kg de peso, el Seventeen puede apoyarse en la mayoría de los stands universales, pero un soporte específico garantiza una estabilidad óptima. Algo a valorar según el uso previsto y el presupuesto disponible.
La fuente de alimentación interna compensa en parte este austero equipamiento. Sin necesidad de transformador externo, el instrumento se conecta directamente a la red con el cable incluido. Un detalle práctico que evita olvidos y simplifica los desplazamientos.















